viernes, 2 de diciembre de 2011

El oleo siguió derritiéndose ante el terrible incendio a pesar de mis esfuerzos por protegerlo en las sombras. Lloré por él y lo guardé en una caja para olvidar que existía. No ha pasado día en que no lo recuerde y ayer subí a ver si seguía sellada. No recuerdo cuán bien la sellé, pero logré llegar al oleo rápidamente. Me pareció menos atractivo que cuando estaba en mi pared, pero desee con fuerzas poder volver a ponerlo en mi pieza, quitarle el polvo y volver a hablarle.
Acabo de recordar que solía estar derretido.



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