domingo, 22 de mayo de 2011

tarde sin sombras

Sus pies fueron como plomo ante la petición, de todos modos iría; secretamente se daba un gusto al reclamar con gruñidos. Arrastró a su hermana pequeña con ella, atravesó la reja ya con el cambio en el bolsillo y se dispusieron a cruzar.
Llegaron a la entrada del recinto y se le aceleró el corazón. No conocía a nadie, pero deseaba hacerlo. Como sea titubeó, pasaron cientos de historias posibles en el lapsus de minutos dentro, frente al muchacho que en nada se asemejaba a nadie. Al salir se enfadó con sigo misma por no decir nada más que hiciera que el chico no la pasara por alto, pero las cientos de historias se convertían en miles y millones, sin dejar espacio a nada más.
Sin embargo sonrió y corrió por su vida como siempre con su hermana pequeña y siguió el resto de los días como si nada hubiese ocurrido esa tarde. Y si se piensa más, nada pasó.

No hay comentarios: