viernes, 30 de julio de 2010

Stop.


Dejen todos de empujarme por favor, simple lógica: si a una persona que está arrodillada por una caída la empujan, se cae y golpea con toda la cara si tiene las manos atadas.
Dejen todos de extender sus manos, me hacen querer tenerles lejos para extrañarles y buscarles.
Dejen todos de querer escucharme, no hablaré si tengo más orejas a mí disposición, todo lo contrario, les susurraré a cada una algo distinto y bajito, cosa que nadie comprenda.
Dejen todos de pretender que yo sigo igual, de esperar lo mismo de mí, de querer escuchar lo mismo de mí, de defraudarse de mí.
Yo no sigo igual, ¿qué más tengo que hacer para que todos lo noten y puedan observar y conocerme como una desconocida? Yo no sé cuanto dure así, no sé cuanto más deba sentir, ver, creer y vivir como lo estoy haciendo. No pido mucho, lo juro. Solo no me tiren más preocupaciones a la espalda, se los pido por favor, no algo definitivo.
¿Quiere darme apoyo? No me exija, no me cargue más la espalda.

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