domingo, 16 de mayo de 2010

Los petalos van llenos de letras


Bajaban los niños entre risas e inocencia, para imaginarse en otro lugar y seguir riendo.
Corrían por el patio, entre los árboles, entre el barro que se formaba después de la lluvia y al rosar las plantas te mojaban.
Corrían y felices gritaban y reían, porque vivían, estaban comenzando la vida en un espacio bello, con un ambiente que a esa niñita en particular, mantenía contacto con sigo misma.
La niñita que se escapaba a veces de la gente que le seguía, para cruzar por medio colegio y sentarse entre hojas, entre niños viviendo fuertemente, la niñita gracias a ellos, se aislaba y encontraba rápidamente su centro, y fluía.
La niñita que jugaba con otros niños y niñas, entregada a la vida, riendo, cayendo entre risas y levantandose con ánimo, ayudando a otros que les costaba ponerse de pie.
Esa misma que algunas mañanas era seguida de alguien, impidiéndole disfrutar completamente el amanecer, que difícil hayarte soledad aquella época. Se movían los árboles, aparecía el sol entre las montañas aclarando todo de a poco.
Arrancada de aquel perfecto lugar, después de tiempo comprendo el dolor de la niñita, que se aporreó fuerte contra el suelo, y recordando a los niños que levantó, la levantaría alguien ahora? En serio era lo mejor?
El lugar era gris y azul, un feo gris y azul.
Queriendo pasar por alegría, otros niños corrían entre el gris.
A medida que dejaban de correr, caminaban
a medida que dejaban de caminar, se estancaban solos
Y comprendió la muchacha que nadie la levantaría.
Luego de tanto tiempo fluyendo, no logra comprender la rapidez con que le era posible hacerlo.

Y, vagando, le tiran de la mano y visita el recuerdo.
Y el amanecer es distinto ahora, quizás más bello.
El fluir ya no es como era antes, es mejor.
Ya no huye de la gente, porque ya nadie le persigue.

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