martes, 16 de marzo de 2010

La eternidad también es relativa.

La Ormiguita feliz tiraba al aire pinturas caras de ternura y alegría.
La Ormiga que la miraba sentía que quemaban.
Y es que a veces es necesario una sonrisa que salga desde nosotros, no fingida; una sonrisa que olvide todo y solo sonria por las milesimas de segundos en las que puede.
La Ormiga olvidó un poco tardiamente, pero posó una flor y el segundo fue eterno.
No es que la alegría vaya lejos de nosotros, es simplemente que por uno u otro motivo no queremos tocarna y limitamos observar.

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